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¿Por qué la Gen Z está comprando cámaras digitales de los 2000?
Hace unas semanas tuvimos una reunión con un cliente que nos pidió algo que nos descolocó un poco. Quería promocionar una cámara digital de esas clásicas de los 2000. ¿No era algo raro? Promocionar una cámara de hace ¡20 años!
Y eso no era todo. Si hubiera sido una campaña dirigida a la Generación X o a los Millennials, lo habríamos entendido, pero la campaña estaba pensada para la Generación Z.
El cliente nos contó que en los últimos años se ha desarrollado una fuerte tendencia de jóvenes usando cámaras digitales, y nos dejó pensando en lo paradójico que resulta ser que la generación que creció rodeada de las mejores cámaras, ahora esté obsesionada con las peores.
Durante décadas, fabricantes de cámaras y smartphones compitieron por ofrecer más megapíxeles, mejores lentes e incluso specs de IA capaces de corregir imperfecciones. Sin embargo, muchos jóvenes ahora buscan justo aquello que la industria quiso dejar atrás.
Millennials and Gen Z
La diferencia tiene mucho que ver con el momento tecnológico en que creció cada generación.
Los millennials vivieron la transición. Revelaron fotografías, grabaron videos en cámaras familiares y subieron sus primeras imágenes a Facebook. Para ellos, la llegada de los smartphones representó una mejora evidente, ya no era necesario cargar la cámara y, además, las fotos salían cada vez mejor.
La Gen Z nació en otro escenario. Creció con cámaras de alta calidad, filtros automáticos y aplicaciones que editan imágenes en segundos. Para ellos, obtener una fotografía de calidad nunca fue un reto.
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El regreso de las cámaras digitales
Lo que empezó como una tendencia de nicho se volvió imposible de ignorar en redes sociales. Cuando Kendall Jenner publicó en Instagram una foto tomada con una Canon PowerShot ELPH 350, el modelo se agotó en el mercado de reventa y llegó a cotizarse en 399 dólares, según Fast Company.
No fue un caso aislado.
La Nikon Coolpix S6900 se convirtió en uno de los símbolos de esta tendencia, registrando un crecimiento explosivo en búsquedas tanto en eBay como en TikTok, de acuerdo con TechRadar.
El interés también se refleja en las cifras de la industria.
Según datos de CIPA, las ventas globales de cámaras compactas crecieron un 29,6% en 2025 respecto al año anterior, encadenando dos años consecutivos de crecimiento por primera vez desde 2007 después de varios años de caída sostenida.
La explicación difícilmente puede atribuirse a la nostalgia. Muchos de estos usuarios ni siquiera habían nacido cuando estas cámaras estaban en su mejor momento.
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El cansancio de la perfección
A lo largo de este tiempo, las plataformas digitales nos empujaron hacia versiones cada vez más producidas de nosotros mismos, con más filtros, edición y curaduría. Las imágenes dejaron de ser recuerdos para convertirse en contenido.
Esa saturación empieza a generar rechazo en las generaciones más jóvenes.
Según una encuesta de Sprout Social realizada en 2026, el 40% de la Gen Z afirma que no interactúa con contenido generado por inteligencia artificial y el 56% considera que publicar ese contenido sin etiquetarlo es una de las peores prácticas de una marca.
Frente a este escenario, las cámaras digitales antiguas ofrecen algo que los smartphones han intentado eliminar por años. Flashes agresivos, grano visible, colores imperfectos y errores que hacen que las imágenes se sientan más cercanas a un recuerdo que a una pieza de contenido.
Por eso su atractivo va más allá de una cuestión estética. Vivimos en un entorno donde cada vez resulta más difícil distinguir una fotografía real de una generada o retocada, y esas imperfecciones funcionan como una señal de autenticidad.
Las cámaras digitales antiguas no están regresando porque tomen mejores fotografías. Están regresando porque sus imágenes parecen más reales.
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